Me encontraba allí, en aquel aeropuerto lleno de gente desconocida con miradas frías y vacías. Yo no hacía más que escuchar canciones con mi viejo reproductor de música mientras observaba como anochecía y el frío se apoderaba de la parisina ciudad. Canción tras canción,pasaban sin que yo apenas prestase atención a sus letras, hasta que una hizo que todo mi cuerpo se detuviera.No lo podía creer, esa canción no era una cualquiera, eras tú en cada una de sus estrofas, éramos nosotros en cada uno de nuestros besos, en cada una de nuestras caricias, eran nuestras miradas y sonrisas, roces y peleas, nuestros abrazos y te quieros transformados en cada uno de sus versos.Daba incluso la sensación de que alguien estuviese redactando desde el primero hasta el último de nuestros momentos.Nuestra historia.
Una lástima ser consciente de que las canciones, al igual que nosotros , tarde o temprano, tienen su final. Ésta estaba ya cambiando el ritmo, ya conjugaba sus verbos en pasado y arrastraba las palabras.
Minuto 3:56 , comentó: otros vendrán, pero jamás nadie podrá suplir tu lugar.
No quedaba lugar a dudas, eras tú de quien hablaba.
Y Aquella frase me desgarró de tal manera que no pude contenerme al percatarme de que el tiempo pasaría pero nada podría hacer que te olvidase.
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