lunes, 31 de diciembre de 2018

2018

Como todos los años en estas fechas , el último día del año me gusta hacer balance de lo que han sido estos 365 días. Es un forma de pararse a pensar y valorar el tiempo que nos han dado. No suelo ser muy fan de los finales pero lo cierto es que sí me gusta pararme a recordar.
Este año empezó despidiéndome del que había sido mi hogar cuatro meses, Roma, mi querida Roma. La Roma que tanto me vio crecer, que me hundió para verme resurgir, que me hizo independiente, en todos los sentidos, que me enseñó a valorar las cosas más simples, que me dio una nueva hermana, un nuevo hogar , nuevas calles y me dejó para siempre en mí la sensación de que mi casa ya no estaba solo en un sitio. Mi roma sigue en mí pero aún así, volver a casa, pese a lo que todos me habían dicho, no fue nada duro, adoro este lugar.
     A la vuelta de Roma le siguió empezar a trabajar en el que ha sido mi trabajo durante todo este año. Me costó, al principio, pero creo que sin duda ha sido la mejor decisión de mi 2018. Ha sido mi vía de escape cuando nada lo era, mi orgullo. He llegado a sentirme parte de ese grupo, a sentirme querida y valorada y pese a que los cambios fueron muchos, incluso de trabajo, me he ido adaptando a todos sin apenas darme cuenta. He sabido encontrar siempre mi sitio, y hacer relación con aquel que tenía al lado, tanto que el cariño ya es infinito. Qué duro ha sido tenerles que decir adiós. Qué sensación tan agridulce la de cerrar esa etapa y despedirme de gente que hace un año no conocía pero que a día de hoy son mi día a día. Cuánto he aprendido y qué agradecidísima estoy.
     Este año también supuso volver a la UA , y volver a reencontrarme con mis amigos, los de siempre, y darme cuenta de que tengo facilidad para hacer nuevos. Pero no todo ha sido bueno en 2018, 2018 tuvo un golpe duro, muy duro, de los que más dolor me ha causado. Creo que he llegado a verme en mis peores durante meses, pero también recuerdo que llegara el verano, ese primer chapuzón que me supo a estoy dejando en este salto todo lo que me pesa y volviendo a disfrutar.
     El verano es mi época favorita, éste empezó con un viaje a mi sitio favorito en el mundo, Formentera, es difícil encontrarme más feliz de lo que soy estando allí. De todos los momento vividos en la isla, sin duda me quedo con el paseo en bici hasta el blue bar, de esos recuerdos que no se te olvidan nunca.Este verano ha sido de moto de agua, de disfrutar del mar y de darme cuenta de lo bien que me hace sentir. También ha sido de probar cosas nuevas y darme cuenta de que me encantan, ir en vespa es una de ellas. Ha sido de clavos que sacan clavos, de reencuentros que esperaba que fueran dolorosos y no lo fueron nunca más. De superar, de crecer.
    Los últimos meses del año me trajeron el disfrutar de estar sola y creo que sin duda ha sido de las épocas más felices de mi vida. También me han traído nuevas amistades y mucho tiempo con Lu, no se me ocurre mejor plan. Cuatro últimos meses que no he visto ni pasar, supongo que eso siempre es bueno.

2018 has sido el año en el que más he aprendido, en todos los aspectos. Te llevo siempre conmigo con muchísimo cariño. 2019 eres un año de acontecimientos sin parar, ¡no defraudes!