Y es que de repente eché un vistazo a mi alrededor; me encontraba allí, sola.
Fue justo en ese momento cuando me di cuenta de cómo había cambiado todo, cuando aprecié que no podía vivir sin ti y que de pronto me tocaba acostumbrarme a vivir sin ser feliz.
Entendí, contra mi voluntad, que yo ya no era más que una luna cuyo planeta había sido destruído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario