Qué ingenua mi madre cuando vino a arroparme de madrugada creyendo que acababa de despertarme agobiada por un mal sueño, qué tonta me pareció aquella frase que dijo de "no ha pasado nada" cuando en realidad todo lo que durante meses había estado temiendo había pasado. No eran ni por asomo lágrimas causadas por pesadillas sino más bien por sueños rotos y desilusión; y aquel grito desgarrado que le había despertado salía de lo más profundo de mi alma. Ya no te tenía, y créeme, eso provocaba el mayor de los insomnios. Las noches se convirtieron en eternas y los días perdieron su sentido en el mismo instante en el que yo te perdí a ti. Es tan extraña la sensación de necesitar saber qué haces a cada segundo, y tanto el agobio que me provoca desconocer si todavía piensas en mí, tan ambigua y cruel mi forma de pensar, por una parte deseando que sigamos adelante, por otra con pánico por que llegue el día en el que realmente lo hagas; y tal la presión que siento en el pecho desde hace días, que me impide respirar con normalidad. Ya no estás, y eso quema incluso al pronunciarlo."Tenías que hacerlo" dicen todos "es lo mejor", comentan. Qué sencillo parece decirlo, otra cosa es estar en mi piel. Pero cuántas veces has caído ya sin que nadie se diese cuenta? Fuerza es lo que, una vez más, te toca demostrar pequeña, y a ti a eso, a eso no te gana nadie.
-No te preocupes mamá, estoy bien, una simple pesadilla, vete a dormir que yo me acuesto ya.
-No te preocupes mamá, estoy bien, una simple pesadilla, vete a dormir que yo me acuesto ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario