Una noche sin más te das cuenta, estás tirado en tu cama, mirando al techo, aleatoriamente no hacen más que salir canciones lentas de tu ipod , pero tú , como siempre ajeno a todo lo que sucede a tu alrededor, cierras los ojos e intentas dormir.
Sorpresa, su cara. Todas y cada una de sus facciones, sus espectaculares ojos color miel, su pelo castaño o todas esas pequeñas pecas que la hacen diferente al resto. Y para qué hablar de sus labios o de ese lunar que tiene justo encima de ellos. La imaginas allí, bailando, rodeada de gente que la abraza y de vez en cuando la hace reír y es entonces cuando te das cuenta de que tras cientos de chicas que conocen el sabor de tus labios y otras tantas el olor de tu cama , después de tantos años con esa etiqueta de mujeriego pegada en la frente , aquella chica de allí , la de la sonrisa traviesa, te ha robado el corazón.
De repente, sientes unas ganas terribles de abrazarla, de correr a su casa y besarla como si nunca antes hubieses podido rozar su piel, tocar sus labios; pero el pánico se apodera de ti, tienes más miedo a perderla que a cualquier otra cosa, miedo a hacerle daño o a no ser lo suficientemente bueno. Te das cuenta campeón? Te has enamorado de ella y eso ya no hay forma de frenarlo. Sigue intentando dormir, tal vez dentro de unas horas lo consigas, o quizá no, quizá no te deje dormir en toda la noche.
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