sábado, 15 de septiembre de 2012

Hasta que aparece

 Una noche sin más te das cuenta, estás tirado en tu cama, mirando al techo, aleatoriamente no hacen más que salir canciones lentas de tu ipod , pero tú , como siempre ajeno a todo lo que sucede a tu alrededor, cierras los ojos e intentas dormir.
 Sorpresa,  su cara. Todas y cada una de sus facciones, sus espectaculares ojos color miel, su pelo castaño o todas esas pequeñas pecas que la hacen diferente al resto. Y para qué hablar de sus labios o de ese lunar que tiene justo encima de ellos. La imaginas allí, bailando, rodeada de gente que la abraza y de vez en cuando la hace reír y es entonces cuando te das cuenta de que tras cientos de chicas que conocen el sabor de tus labios y otras tantas el olor de tu cama , después de tantos años con esa etiqueta de mujeriego pegada en la frente , aquella chica de allí , la de la sonrisa traviesa, te ha robado el corazón.
De repente, sientes unas ganas terribles de abrazarla, de correr a su casa y besarla como si nunca antes hubieses podido rozar su piel, tocar sus labios; pero el pánico se apodera de ti, tienes más miedo a perderla que a cualquier otra cosa, miedo a hacerle daño o a no ser lo suficientemente bueno. Te das cuenta campeón? Te has enamorado de ella y eso ya no hay forma de frenarlo. Sigue intentando dormir, tal vez dentro de unas horas lo consigas, o quizá no, quizá no te deje dormir en toda la noche.

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