Recuerdo como si fuera ayer aquel día de febrero. Cómo olvidar el día en que una simple llamada de teléfono hizo que el mundo se derrumbase sobre mis pies.
Hace ya casi dos años de aquello y aún puedo sentir el miedo, aún puedo sentir cómo me temblaban las manos o cómo las lágrimas recorrían mis mejillas aquella noche; la primera de cientos en las que ellas me acunarían hasta quedar dormida. Por aquel entonces sentí verdadero pánico a perderte, y ahora daría lo que fuese por poder sentirlo de nuevo, por tener aunque fuese una mínima esperanza de que todo aquello podía terminar bien y no la certeza de no volverte a ver nunca más.
He visto como empeorabas y mejorabas día a día, como te aferrabas a la vida sin importarte siquiera el dolor, sin rechistar ni un solo segundo,para que al final todo acabase exactamente igual que empezó; Valencia, una llamada, mis manos a la cabeza, y el mundo derrumbándose sobre mis pies. Pánico, gritos de ahogo, llantos, abrazos e impotencia. La misma que sentí aquel día, la misma que sigo sintiendo hoy.
Me duele que no hayas tenido tiempo para disfrutar,no haberte dicho nunca lo mucho que te quería, perdón, quiero. Me duele no entender por qué a ti y que ya no estés, pero te prometí que no te irías, y no las hecho, cuando alguien deja tal huella como la que has dejado , no desaparece jamás.
Como siempre esperaré a quedar dormida con los ojos empañados. Buenas noches, y descansa.
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