Ella lleva un vestido corto, negro y con mucho vuelo, le marca la cintura y cada curva de su cuerpo. Tras sus kilométricas piernas luce unos zapatos rojos de tacón, juraría que de terciopelo; y como complementos su gracia natural, el brillo de sus ojos o la blanquecina sonrisa que esconde bajo esos carnosos labios rojos. Entre todo ese gentío es la única que sonríe con naturalidad, y eso me ha cautivado, no puedo dejar de mirarla.
Está rodeada de los de siempre, su gente, y se nota que eso la reconforta. Debe de haber sonado su canción favorita, se ha vuelto loca y no hace más que bailar. Me gusta su forma de mover las caderas, desenfrenada, sin importarle nada más que darlo todo en ese baile. Me acerco por detrás y le toco la espalda, al principio se asusta, luego parece agradarle mi presencia; bailamos juntos, el corazón me late a mil, suena "Tonight is the night" y ambos nos desgastamos la voz cantándola lo más alto posible. Esa frase parece tener un significado especial para los dos, como si de verdad esa noche fuera la noche en la que algo grande empezaba. Nos miramos, la canción termina y ella desaparece entre la gente sin ni siquiera decirme su nombre.
Hacía tiempo que no me cruzaba con alguien así, que vive.
Y no me preguntes por qué pero tengo la sensación de que leerás esto, así que morena buenas noches, desde luego esta noche ha sido la noche. Volveremos a vernos.
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