Y allí estaba ella, como cada jueves desde hacía ya cosa de un año. Siempre la misma mesa, café corto para dos y aquel libro de páginas amarillentas. Se notaba en su mirada lo mucho que había sufrido, mostraban sus rasgos el dolor y se veía en su rostro a alguien empeñado en no abandonar nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario